El mercado de trabajo en España muestra, de manera continuada, un funcionamiento desequilibrado, con una tasa de paro que se ha mantenido por encima del 25% en los últimos dos años cuando la media de la UE es inferior al 11% en este mismo periodo de crisis económica. Además, hay otras anomalías evidentes en el funcionamiento del mercado laboral. Por ejemplo, el hecho de ser la única economía del euro que realiza ajustes para la mejora de la productividad mediante una reducción significativa del número de trabajadores en activo y, simultáneamente, se incrementan las horas de trabajo medias por asalariado. También destaca la temporalidad que, en la última década, ha superado el 30%, frente a cifras inferiores al 15% de media europea. Y el empleo a tiempo parcial que tampoco alcanza los niveles medios europeos, que se sitúan en el entorno del 18%.
Exísten cuatro grandes ámbitos en los que se deería actuar para corregir estos desequilibrios: mejorar la vinculación entre salarios y productividad; reducir los costes del trabajo por la minoración de cotizaciones sociales; mejorar las Políticas Activas de Empleo y simplificar los modelos de contratos de trabajo.